El agua del Mijares y de sus afluentes no solo regaba los huertos: también movía molinos harineros y llenaba los lavaderos donde se reunían las mujeres de cada pueblo. Estos edificios, sencillos y funcionales, son hoy una parte muy valiosa del patrimonio etnológico del territorio.
A lo largo del río y de los barrancos se conservan restos de antiguos molinos, como el que acompaña a la zona de baño de El Pozo, en Arañuel, o el Molino de los Peirós, en Puebla de Arenoso. Y en casi todos los pueblos se mantienen lavaderos tradicionales, algunos rehabilitados, que recuerdan cómo el agua organizaba la vida cotidiana y la convivencia vecinal.
Detenerse ante ellos es entender mejor cómo vivían nuestros mayores y la importancia que siempre ha tenido el agua en el Alto Mijares.